jueves, 11 de julio de 2013

Santa tentación por Adelim_rose

Autor: Adelim_rose
Fic: Santa tentación
Categoria: slash
Género: drama
Rating: M+
Pairing: Bill/Tom
Advertencias: AU, orgías, voyerismo
Capítulos: 7
Finalizado: No
Resumen: Tom es un hijo modelo: un ejemplo de muchacho de 19 años de una reputación intachable, un catequista de una parroquia que sueña ser cura xD (o sea todo lo contario a la realidad).
Bill es un chico de 16 años que solo vive para hacer pecar a sus catequistas. Su pasatiempo es corromper almas.
"Bill era el pecado hecho carne. Tenía dieciséis años y mucho que ofrecer al demonio. Su piel pálida, suave y aterciopelada, su cuerpo esbelto y grácil, su rostro irónicamente angelical y un culo estrecho y ardiente que era la perdición de quienes lo probaban."
Y cosas inimaginables que ocurren durante un retiro espiritual muajajaja

Bill era el pecado hecho carne. Tenía dieciséis años y mucho que ofrecer al demonio. Su piel pálida, suave y aterciopelada, su cuerpo esbelto y grácil, su rostro irónicamente angelical y un culo estrecho y ardiente que era la perdición de quienes lo probaban.
Era el supremo corruptor de almas, destructor de vocaciones, devorador insaciable de la pureza y de la castidad masculina.
Seducir a sus catequistas varones era su pasatiempo favorito. Quebrantar con un leve coqueteo, una disimulada provocación toda la fortaleza espiritual de aquellos pobres y débiles seres, lo hacía sentir orgulloso y satisfecho de si mismo.
Estaba absolutamente convencido de que derrumbar vocaciones y elevar pollas era su única misión asignada en su efímero paso por la tierra y eso lo descubrió una tarde de mayo antes de misa cuando solo contaba con once años y el simpático padre de la iglesia lo llevó a sus aposentos para enseñarle algo más que el cariño al prójimo. A partir de ese momento a Bill se le abrieron las puertas del Cielo, le encantó, se sintió desbordar de felicidad, por eso se disgustó cuando un monaguillo fue con el chisme a sus padres de que era tocado indebidamente por el sacerdote de la iglesia. Bill no lo podía creer, el niño ese se quejaba del cariño que le brindaba el padre Guillermo y ni siquiera era mucho: el monaguillo solo había sido "acariciado" nada más. En cambio Bill sabía que era el preferido. El escándalo estalló de inmediato y el padre Guillermo fue expulsado de la iglesia y del vecindario y nunca se volvió a saber de él. Los padres de Bill nunca se enteraron de que su niño también había sido "víctima" del cura pedófilo; en primer lugar porque lo negó cuando se lo preguntaron distraídamente y en segundo porque ellos estaban tan ocupados en su mundo aparte con su tiempo siendo absorbido permanentemente por el trabajo y las preocupaciones económicas que no advertían que su hijo único no encajaba absolutamente para nada en el concepto de ser inocente que ellos conservaban de él y ni siquiera las sospechas aparecieron cuando luego de cinco años consecutivos asistiendo a la catequesis de la parroquia, Bill aún no conseguía dar su Primera Comunión. Simplemente los catequistas huían de él.
Tom era el ejemplo perfecto del hijo ideal: obediente, generoso, solidario, responsable y estudioso. Un porvenir brillante le aguardaba y sus padres lo adoraban. Todas las virtudes habidas y por haber se concentraban en aquel muchacho que acababa de cumplir los diecinueve años.
A primera vista aparentaba ser un jovencito cualquiera, vestido con ropas holgadas y con la cabeza llena de rastas a la moda. Sin embargo, a pesar de su aspecto desgarbado y de su estilo rapero y tal vez algo pandillero, asistía todos los domingos a misa y hasta formaba parte del grupo de catequistas de la parroquia local.
Fue allí, que luego de dar su Confirmación escuchó el llamado del Señor y decidió dedicarle su vida entera. La vocación fluía por sus venas. Se lo comunicó a sus padres que aceptaron gustosos tener un futuro cura en la familia. Abandonó la universidad de donde era el primero de su facultad y mientras tanto se mantuvo cerca de Dios colaborando como catequista del programa de Primera Comunión de la parroquia y aguardando ansioso su ingreso al Seminario.
Tom era virgen. No había conocido mujer ni mucho menos alguna vez en su corta vida había participado en actos homosexuales e indecentes. Había sido educado bajo el cobijo de una familia y comunidad estrictamente católicas y basadas en principios morales rectos y honrados. Por ese motivo cuando la adolescencia le llegó, se hizo a si mismo la promesa de guardar su castidad para el matrimonio y luego más tarde, cuando oyó el llamado comprendió que definitivamente el sexo había sido vetado para él y de todas formas no le importó demasiado, porque sabía que no existía mayor regocijo y placer que la paz con uno mismo al sentir el amor del Señor entrar en el corazón.
El chico era un pan de Dios.  
No obstante, Tom era humano y no era ajeno a las tentaciones que se le presentaban en la forma de sucios pensamientos pecaminosos que lo obligaban a recurrir a una mano caritativa debajo de sus sábanas blancas en las noches ardientes de soledad. Pero esto sucedía muy raramente y además no existía cosa que no se pudiera resolver con un rosario, cincuenta Padre Nuestros, cincuenta Ave Marías y un alma muy arrepentida y avergonzada.

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